Un solitario árbol de castaño de Pará, sobrevive en una granja de soja. © Robert Clark/TNC

Perspectivas

Monocultivos: la amenaza de los "desiertos verdes" de hoy para la producción alimentaria de mañana

Por Ginya Truitt Nakata, Ex-Directora de Tierras, América Latina

Hace un siglo, los científicos, la agroindustria, los agricultores y los formuladores de políticas vieron un mundo con una población cada vez mayor y sistemas de producción agrícola que no serían capaces de mantenerse al día. La agricultura necesitaba expandirse, intensificarse y volverse más productiva, pero, ¿cómo?

Estimulados por las predicciones de que el mundo se quedaría sin alimentos, las innovaciones comenzaron a tomar forma. Los químicos descubrieron cómo extraer nitrógeno literalmente del aire (obteniendo por ello el Premio Nobel en 1918), un paso importante en el desarrollo de los fertilizantes sintéticos que posteriormente permitieron que la producción de cultivos creciera a pasos agigantados. Siguieron mejoras en los pesticidas y herbicidas, junto con las variedades de plantas más resilientes, lo que fortaleció aún más la agricultura en el mundo entero.

Como resultado directo de todo esto, durante los últimos 50 años, mientras que la población mundial se ha duplicado y las demandas sobre la agricultura mundial se han triplicado, la proporción de personas que sufren de hambre se ha reducido a la mitad. Hay aún demasiadas personas que padecen de hambre y desnutrición en el mundo (más de 800 millones según las Naciones Unidas), pero sin duda, ha habido un gran progreso.

Progreso, sí, pero no problema resuelto. En cierta forma, estamos de vuelta donde empezamos, mirando el futuro y preguntándonos cómo es que vamos a alimentar a todas esas otras personas que pronto habitarán nuestro mundo. Excepto que ahora debemos hacerlo en medio de los efectos del cambio climático y sin convertir en tierras de cultivo lo que queda de nuestras selvas tropicales, sabanas y otras áreas naturales sensibles.

PÁRA, BRAZIL Fernando Pallaro es agricultor de soja trabajando con TNC en Santarem, estado de Para, Brasil.

Sin embargo, existe un desafío aún mayor, en gran parte ignorado, que tiene que ver con las consecuencias involuntarias de los esfuerzos bienintencionados para producir más alimentos de cada hectárea de tierra. No solo nos referimos a los fertilizantes sintéticos y otros insumos químicos, sino también, lo que es más crítico, las técnicas de cultivo a gran escala que los mismos han ayudado a generar. Específicamente, la tendencia hacia las prácticas agrícolas industriales como el monocultivo ha dado lugar a vastas áreas (incluso biomas enteros) que han sido esencialmente despejadas de todas las variedades de plantas excepto una o dos, como la soja, la caña de azúcar, el maíz o el trigo.

Los productores no han creado esta situación por su cuenta. Más bien, han estado respondiendo a un mercado que exige eficiencias de producción a corto plazo y en el cual el 60 por ciento de la ingesta calórica global proviene de solo cinco cultivos. El resultado final, sin embargo, es la creación de "desiertos verdes", un ataque final  a la Madre Naturaleza que hace que estos cultivos no solo sean perjudiciales para el medio ambiente, sino también una amenaza a largo plazo para la agricultura en sí. Esto se debe a que el hecho de cultivar solo uno o dos tipos de plantas sobre vastas extensiones de tierra crea una espiral destructivo que agota los nutrientes del suelo, dejándolo débil e incapaz de soportar el crecimiento saludable de las plantas sin agregar cantidades cada vez mayores de fertilizantes sintéticos. También crea nuevas oportunidades para las plagas, malas hierbas y enfermedades que un paisaje con mayor biodiversidad normalmente suprimiría por sí solo, lo que da lugar a la necesidad de aplicar más y más fuertes productos químicos para combatirlas.

En los cultivos de soja de Brasil, la enfermedad de moho asiático se ha vuelto tan resistente a los tratamientos químicos que muchos agricultores ahora tienen que pulverizarla varias veces en el transcurso de su temporada de crecimiento, lo que disminuye aún más la salud del suelo, el agua subterránea y la biodiversidad. De forma similar, los productores de soja en los EE.UU. y América Latina están hallando que los herbicidas relativamente menos tóxicos, como el glifosato, también conocido por su nombre de marca Roundup, no funcionan tan eficazmente como antes, lo que lleva a muchos a cambiar a químicos más fuertes que son más destructivos para la biodiversidad local. Y los investigadores han descubierto que la reducción de la diversidad de plantas en un área agrícola puede, en sí misma, atraer a un mayor número de insectos que destruyen los cultivos, en gran parte porque es tan fácil para ellos proliferar cuando su comida favorita está a su alrededor.

En vista de todos estos factores, cultivar en los desiertos verdes, con aplicaciones crecientes de insumos puede realizarse hasta cierto punto, depués de lo cual la salud del suelo colapsa, las plagas y enfermedades se vuelven intolerables y la tierra pierde su productividad. Y con eso desaparece la capacidad de los sistemas agrícolas globales para mantenerse a la par con la creciente demanda de alimentos. Al confiar en las prácticas agrícolas que reducen la diversidad de plantas en áreas extensas, estamos creando resistencia a plagas y enfermedades, lo cual nos hará retroceder 50 años en términos de nuestra capacidad para producir alimentos.

Entonces, ¿cuál es la respuesta a este dilema?

YUCATÁN, MEXICO Maíz plantado en los campos mecanizados de San Agustín.

Como dijo Albert Einstein: "no podemos resolver nuestros problemas con el mismo pensamiento que usamos cuando los creamos". Necesitamos reflexionar nuevamente y efectuar cambios fundamentales en los sistemas agrícolas mundiales, y podemos comenzar por ubicar la biodiversidad y la salud del suelo al frente de la agenda global. Sí, necesitamos salvaguardar áreas naturales críticas como las selvas tropicales y las sabanas. Pero igualmente importante es salvar nuestra capacidad futura para producir alimentos. El hecho de que no exista una Declaración de Nueva York para reducir las prácticas de monocultivos indica que nunca hemos considerado seriamente ninguna alternativa,  ¡lo cual es una locura! El noventa por ciento de los alimentos del mundo se origina en la tierra. Y las técnicas agrícolas diversificadas que realmente mejoran la salud del suelo y la biodiversidad han demostrado ser más rentables y productivas a largo plazo que las que en la actualidad nos están llevando hacia el colapso de los ecosistemas.

Pero eso no quiere decir que hacer este cambio vaya a ser un asunto simple. Estamos hablando de un cambio radical en la forma en que ahora se lleva a cabo gran parte de la agricultura mundial. Para lograrlo, se requerirá un mayor enfoque en la innovación y la ampliación de las tecnologías nacientes que han demostrado ser muy prometedoras para restaurar y mejorar la biodiversidad en las tierras agrícolas, y hacerlo de una manera que permita a los productores cultivar alimentos más sanos y rentables en perpetuidad. Esto incluye utilizar aditivos microbianos y otros aditivos biológicos para enriquecer los suelos, así como sistemas de cultivo de cobertura continua que conservarán la salud del suelo complementando los cultivos comerciales. Lo que se necesita es un mayor enfoque de inversión y política destinado a llevar estas innovaciones al mercado y apoyar su adopción a gran escala.

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El hecho de que no exista una Declaración de Nueva York para reducir las prácticas de monocultivos indica que nunca hemos considerado seriamente ninguna alternativa.

Un rayo de esperanza para impulsar esta inversión lo ofrece la reciente creación del Índice de Agrobiodiversidad por parte de la organización mundial de investigación Bioversity International. El índice proporcionará a los tomadores de decisiones información crítica y un conjunto de estándares para medir la agrobiodiversidad en las dietas, la producción de alimentos y los recursos genéticos, con miras a aumentar su comprensión de cómo la agrobiodiversidad afecta la producción de alimentos e identificar acciones concretas para lograr sistemas alimentarios diversos y verdaderamente sostenibles para la creciente población mundial.

Puede parecer una tarea difícil, pero hemos estado aquí antes. Científicos, productores y formuladores de políticas han enfrentado desafíos de seguridad alimentaria en épocas anteriores, desarrollando soluciones milagrosas que cambiaron completamente la agricultura. Una vez más, es hora de reactivar nuestros sistemas agrícolas globales, esta vez para ponerlos a la par de mantener las tierras saludables para que puedan continuar alimentando a la humanidad durante muchas, muchas generaciones por venir. 

Traducción al español del artículo originalmente publicado en el blog “Global Food for Thought” del Chicago Council on Global Affairs el 28 de febrero 2019.